Debe ser la naturaleza humana, aquella que nos marca la evolución constante de nuestra condición de mortales.
Pero cada vez que un año se acerca a su fin y nos preparamos para recibir un nuevo calendario, necesariamente llega la hora de los balances y también de proyectar las esperanzas.
Cuando se ejerce la función pública, desde la responsabilidad que nos dio nuestra ciudadanía a través del voto, ese mismo balance se convierte a veces en una obsesión; la de determinar en una dimensión exacta cuál es el grado de pertenencia que desde un cargo público se tiene con las expectativas y las necesidades de la gente.
En este sentido, desde nuestra humilde mirada, creemos haber cumplido, pese a que seguramente muchas veces nos habremos equivocado en la aplicación de las soluciones y en otras quizá directamente las omitimos.
A través de la obra pública, uno de los ejes fundamentales de nuestra gestión, dotamos a Malargüe, a su ciudad y los distritos, de mucha de la infraestructura que necesitaban los malargüinos para mejorar su calidad de vida.
Mejoramos los servicios tratando de dar equidad a todos los sectores.
Con el Plan Estratégico Mafargüe nos proyectamos al futuro y a las generaciones que nos claman a los de hoy, un desprendimiento sin egoísmos.
Nos propusimos hace más de 10 años transformar Malargüe y con ello, la proyección económica y social de su gente. Los logros que obtuvimos,son el resultado del esfuerzo conjunto. El futuro nos ilusiona especialmente si pensamos en la profundización de esos cambios y en la transferencia de experiencia y gestión a otros puntos de la provincia y el país.
Mi más profundo agradecimiento a los malargüinos por acompañarnos en la gestión y mis más sinceros augurios de Felicidad y Prosperidad para las tradicionales Fiestas de Navidad y Año Nuevo.