Malargüe, su historia entre 1970 y 1980

El Prof. Francisco Parada continúa contando los antepasados del departamento, tal como lo viene haciendo desde el festejo por el Aniversario de la Ciudad.

Concluye el mes del cumpleaños de nuestro Departamento e intentaremos, con estas líneas, recordar algunos hechos de importancia que sucedieron a la década de 1970, la que resulta clave para entender, en parte, al Malargüe de hoy.

Fueron responsables de dirigir el municipio en este periodo: Román Gatica, José Ranco López, Eusebio Moreno Ibáñez (Interventor), Walter Alejandro Vaccari (Comisionado), Jorge Rubén Besada, José Vicente San Julián (comisionado), Sebastián Kadamoto (Comisionado), Marta Barcia de Salomón, Aldo César Suarez y Ramón Sebastián Muñoz Pizarro.

Lo primero que diremos es que fue una década con extrañas contradicciones. Por un lado, es de notable crisis, pero también de claro crecimiento. Al chequear la documentación histórica queda expresada la gran preocupación del sector minero, el que había sido pilar de la economía en décadas anteriores. Este sufre momentos de contracción; y aunque Malargüe, era el mayor productor de manganeso del país, con las minas Ethel y Santa Cruz, la producción no era suficiente y los costos muy altos. El conocido movimiento popular “El Malargüinazo” fue como consecuencia del cierre de la mina Santa Cruz en julio de 1972 y es un claro ejemplo de la crisis por la que se atravesaba. En noviembre de ese año y con motivos de los festejos del aniversario departamental, el reclamo del representante de la Cámara de Industria, Comercio y Minería fue el de la ejecución efectiva de la “agencia de rescate”, para que el gobierno provincial sostuviera al sector, especialmente a los pequeños empresarios.

Sumemos también que a mitad de la década cerró su trabajo la mina Huemul en Agua Botada, quedando muchos desocupados y otros tantos emigraron, por ejemplo, al vecino departamento de San Rafael. Agravaba la crisis minera la falta de un plan provincial para la construcción y mantenimiento de caminos que facilitaran el transporte de minerales.

En marzo de 1978 el diario El Comercio se hacía eco de la situación minera del Sur informando que Industria Siderúrgica Grassi, por ejemplo, “había disminuido sus actividades al mínimo, procediendo a licenciar al personal permanente y sólo manteniendo lo necesario para las tareas de mantenimiento”.

A pesar de esta situación, no dudamos en afirmar que la segunda mitad de la década del `70 fue uno de los momentos de mayor crecimiento económico y social, la que cambió nuestra historia local. La causa principal fue la explotación petrolera.

Corría el viernes 25 de abril de 1975 y el entonces interventor de la provincia, Antonio Cafiero visitaba el Departamento y los medios de comunicación provinciales se ocuparon de informar sobre la realidad de Malargüe. Entre la agenda que cumplió el interventor estuvo la visita a la perforación de puesto Rojas, donde desde el jueves 23 de abril brotaba petróleo despidiendo un chorro a más de 50 metros de altura. Este hecho, que de algún modo, se convirtió en emblemático porque daba inicio a la historia de Malargüe como suelo petrolero.

El 22 de mayo de 1977 comenzaron las actividades de exploración y explotación a cargo de la empresa Saipem, con 16 pozos en la zona de Bardas Blancas y una extensión de ejecución de 40.000 km cuadrados, generándose cientos puestos de trabajo.

En abril de 1978 Los Andes afirmaba que Mendoza era la provincia con mayor producción de petróleo del país -con 17.000 metros cúbicos por día-, con gran aporte de Malargüe con yacimientos como los cerros El Mollar y el Divisadero, El Manzano o Aguas Calientes, Agua Botada y las formaciones Choy-Yoi y el Chachao. Obviamente que este impulso petrolero trajo muchas empresas que demandaron gran cantidad de obreros y al poco tiempo se instalaron más de mil personas que venían a trabajar a estos lejanos suelos. Los cambios urbanísticos y culturales fueron notables. Como muy bien dice Doña Rosa Bianchi de Porras: “El diseño de la villa mejoró a fines de la década, apurado por las circunstancias del rápido crecimiento poblacional que se fue produciendo…”.

La sociedad malargüina se transformaba fuertemente de pueblo pequeño a ciudad en crecimiento.

A fines de la década quedaba inaugurada la línea de alta tensión Nihuil-Malargüe y la planta potabilizadora de agua ampliaba su capacidad. Los servicios básicos llegaban a casi todos los hogares. Ahora, el anhelo comenzaba a ser el gas natural y el teléfono en los domicilios. Obviamente que la actividad petrolera generó una demanda muy alta de mercadería y servicios de todo tipo, aumentando así la presencia de comercios, especialmente en avenida San Martín. Como consecuencia, poco a poco, se fueron modificando o desapareciendo las casas familiares que daban sus frentes hacia esta Avenida. Además talleres, gomerías, metalúrgicas y bases petroleras se instalaron en distintos lugares del pueblo.

El malargüino, sin notarlo, cambia sus costumbres y hábitos. La movida nocturna, especialmente los fines de semana, provoca otro tipo de actividades. Los cabarets se multiplican, se demandan confiterías y restaurantes y la serenata queda relegada a los barrios.

Los hogares -además de la compañía de Radio Malargüe- contarán con la señal, aunque con muchas interrupciones, de canal 6 San Rafael.

Ya en esta década la educación primaria y secundaria están claramente consolidadas y en distintos parajes van naciendo o mejorándose los edificios escolares primarios. Los jóvenes, que concluyen sus estudios secundarios desean continuar profesionalizándose y muchos emigran a estudiar a otras ciudades.

Creo que es muy bueno recordar que en 1974 nace la escuela para educación especial Nº 0-030 llamada después Maurín Navarro; y en 1978 la escuela República de Chile cambia su nombre por el de Capitán José León Lemos. Este cambio nominal se dio en el contexto en que la paz de estos pagos sureños fue alterada por el conflicto del canal de Beagle con la vecina República de Chile. A fines de ese año se instalaron las fuerzas militares en el Departamento generando la preocupación por un problema que parecía no tener vuelta atrás y que sin dudas provocaría, en caso de suceder, heridas incurables en una sociedad que históricamente tubo lazos de hermandad con los chilenos.

En cuanto a la revalorización del patrimonio cultural no podemos olvidar que en 1971 comenzó a funcionar el Museo Regional Malargüe, promovido por un grupo de vecinos entre los que se destacó Don Jorge Luna.

Las actividades turísticas eran un gran deseo que costaba concretizar. Ya a principios de los `70 se hablaba sobre la instalación de un centro de esquí en Las Leñas, de promover la pesca y la caza controlada, pero era muy notable la falta de infraestructura. Sería en la década siguiente cuando Malargüe se presentó como “Capital del Turismo Aventura”.

Para cerrar esta breve síntesis, resulta muy importante recordar que en la década del `70 se consolida la venta del chivito malargüino, especialmente a compradores cordobeses, convirtiéndose en un producto de renombre nacional por su particular sabor. Esto ubicaría al puestero en un factor comercial de relevancia, aunque lamentablemente el éxodo de las nuevas generaciones del campo a la ciudad se intensificó a partir de esta década. De todos modos, los malargüinos tomaban cada vez mayor conciencia del excelente producto que significa el chivo del lugar. No fue casualidad que a comienzos de la década del `80 la comunidad se involucró en organizar una fiesta departamental que se nominó “Del Chivo”, la que hoy es sin dudas una de las más importante del país.

En las décadas siguientes, Malargüe vive una historia mucho más vertiginosa, en gran parte como consecuencia de los cambios mundiales que se van generando. La pequeña aldea, en la que todos se conocían, cede paso a una ciudad más compleja, la que nunca dejó de ser receptora de todas las personas de buena voluntad que llegaron para quedarse: docentes, emprendedores, comerciantes, profesionales y demás que venían buscando un futuro mejor. Malargüe como siempre los recibió de puerta abiertas. Otros tantos tuvieron que marcharse por distintas circunstancias de la vida cargando, en general, el recuerdo nostálgico de haber sido parte de la historia de esta tierra que, por regalo de Dios, siempre se presenta generosa.

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