El Gendarme-Maestro: una historia de vocación que llevó las primeras letras a los rincones de Malargüe

Fecha de publicación: 11/09/2026

En el Día del Maestro, el Municipio de Malargüe rinde homenaje a todos los educadores que, a lo largo de la historia, hicieron de la enseñanza una herramienta para vencer distancias y llevar oportunidades a cada rincón del departamento. Entre esas historias, el Coordinador de Rescate Patrimonial, Francisco Parada, recupera la figura de Antonio de Jesús Quiroz, un gendarme que se convirtió en maestro de los niños de El Alambrado y Mechenquil.

Fotografía: Gentileza Servicio Histórico – Gendarmería Nacional

La educación en Malargüe tiene una historia marcada por el esfuerzo, la vocación y el compromiso de hombres y mujeres que hicieron de enseñar una verdadera misión. En este Día del Maestro, desde el Municipio se busca reconocer a todos ellos, recuperando también, a través del trabajo de rescate patrimonial, historias que forman parte de la identidad de nuestra comunidad.

Francisco Parada, Coordinador de Rescate Patrimonial, destaca en su investigación la importancia de aquellos pioneros que hicieron posible que la educación llegara a los lugares más alejados del departamento. Su trabajo permite recuperar del pasado nombres, testimonios y experiencias que ayudan a comprender el largo camino recorrido por la educación malargüina.

Lograr la consolidación de la educación primaria en el extenso territorio malargüino fue un proceso que llevó casi un siglo. Maestros ambulantes, escuelas rancho, establecimientos en antiguos yacimientos mineros y, posteriormente, las escuelas albergues de los parajes más alejados fueron construyendo, paso a paso, una red educativa capaz de llegar a las familias rurales.

Parada recuerda que en este proceso tuvieron un papel fundamental figuras como los maestros ambulantes José María Domínguez y José Ríos, quienes desarrollaron su tarea en zonas como Río Barrancas y Río Grande, además de las experiencias educativas que funcionaron en lugares como Minacar, Los Castaños, Santa Cruz y Huemul.

A esta extensa lista de hombres y mujeres que hicieron historia en la educación del departamento se suma una figura tan particular como entrañable: Antonio de Jesús Quiroz, el gendarme que se convirtió en maestro de los niños de El Alambrado y Mechenquil.

Un gendarme que también enseñaba…

Antonio de Jesús Quiroz nació el 18 de enero de 1925 en Yataity, provincia de Corrientes, e ingresó a Gendarmería Nacional en marzo de 1949. Tras ser destinado al Escuadrón 29 “Malargüe”, llegó a uno de los puestos establecidos en el extenso territorio departamental. Fue allí donde su superior, Saúl Ríos, le encomendó una tarea que trascendería su función como integrante de la fuerza: alfabetizar a los niños de la zona.

Con apenas sexto grado de instrucción formal, Quiroz comenzó a reunir a un pequeño grupo de niños para enseñarles a leer y escribir. Lo que comenzó con apenas cuatro o cinco alumnos fue creciendo hasta alcanzar, según consta en su cuaderno de anotaciones personales, 38 estudiantes.

Las clases comenzaron en El Alambrado y posteriormente se trasladaron unos cinco kilómetros hacia la zona de Mechenquil, donde había funcionado una pequeña escuela en la casa de don Aluch, un comerciante inmigrante sirio. Para cumplir con su tarea, el gendarme-maestro recorría muchas veces largas distancias caminando y otras tantas a caballo. Su compromiso hizo posible que numerosos niños de la zona tuvieran acceso a sus primeras letras. El recuerdo de aquellos alumnos constituye hoy uno de los testimonios más valiosos para dimensionar la tarea de Quiroz.

Pedro Arteaga, habitante de la zona de El Alambrado y uno de sus alumnos, recordó al gendarme como un hombre muy exigente y recto, que además de enseñar a leer y escribir transmitía conocimientos de historia y valores patrióticos. “Yo fui el primero que iba a la escuela… era muy recto. Nos daba las lecciones del General San Martín… la historia, en una hoja grande, y a los dos o tres días había que saberla toda”, recordó Arteaga. Y sintetizó la importancia de aquel maestro con una frase que resume su legado: “Gracias a Dios lo que yo sé, lo sé por él”.

La historia recuperada por Francisco Parada también permite comprender el papel que tuvo Gendarmería Nacional en aquellos primeros años de consolidación institucional de Malargüe.

Desde sus orígenes, la fuerza tuvo entre sus objetivos una función social y cultural vinculada con la presencia del Estado en los territorios y zonas de frontera. En Malargüe, esa misión encontró en hombres como Quiroz una expresión concreta: cuidar la soberanía también significaba acompañar a las comunidades y acercar educación a quienes vivían lejos de los centros urbanos.

Quiroz permaneció durante años en Malargüe junto a su familia y se retiró de Gendarmería Nacional en 1974, con el grado de sargento ayudante. Pero su legado permaneció en aquellos niños que aprendieron sus primeras letras en una humilde escuela rural.

La investigación y recuperación de estas historias por parte del área de Rescate Patrimonial permiten que esas experiencias no queden en el olvido y vuelvan a formar parte de la memoria colectiva de Malargüe.

En este Día del Maestro, el Municipio de Malargüe recupera la historia del “Gendarme-Maestro” como símbolo de todos aquellos docentes y pioneros que, con esfuerzo y vocación, hicieron posible que la educación llegara a los rincones más distantes del departamento. Desde los maestros ambulantes hasta los docentes que hoy desarrollan su tarea en escuelas urbanas, rurales y albergues, existe un mismo hilo conductor: la vocación de enseñar, acompañar y construir futuro.

El Municipio de Malargüe saluda y reconoce a todos los maestros y maestras del departamento, valorando su tarea cotidiana y su compromiso con las nuevas generaciones.

Y, a través de la recuperación de historias como la de Antonio de Jesús Quiroz, también rinde homenaje a quienes entendieron que enseñar era mucho más que transmitir conocimientos: era abrir caminos, acercar oportunidades y dejar una huella que permanece en el tiempo.

Por Francisco Parada – Coordinador de Rescate Patrimonial.

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