Una encuesta realizada por FM Municipal 94.5 reveló que cerca del 82% de los oyentes que respondieron elegirían seguir el encuentro desde su hogar o con amigos antes que asistir a una transmisión en pantalla LED en el Polideportivo Malal-Hue. Las cábalas, las reuniones familiares y las tradiciones pesan más que cualquier otro escenario, aunque el Reloj Cincuentenario es un punto de encuentro y celebración luego de los partidos.
Cuando rueda la pelota en un Mundial, cada hogar se transforma en un pequeño estadio. Entre camisetas, banderas, abrazos y cábalas que se repiten partido tras partido, los malargüinos demostraron que hay costumbres difíciles de cambiar.
Durante la última semana, FM Municipal 94.5 realizó una encuesta al aire para conocer la opinión de sus oyentes sobre la posibilidad de instalar una pantalla LED en el Polideportivo Municipal Malal-Hue para seguir un partido de la Selección.
El resultado fue contundente: aproximadamente el 82% de los consultados manifestó que prefiere ver el encuentro desde su casa.
Las respuestas coincidieron en un mismo sentimiento. Muchos aseguraron que no romperían sus cábalas, otros destacaron que el Mundial es un momento para compartir con la familia y los amigos, mientras que varios remarcaron que vivir el partido desde el hogar ya forma parte de una tradición que se repite en cada Copa del Mundo.
El sondeo dejó en evidencia que, más allá de la posibilidad de disfrutar de una pantalla gigante, para la mayoría de los malargüinos el verdadero escenario del Mundial sigue siendo el living de casa, donde los nervios, la emoción y los festejos se viven junto a los seres queridos.
La encuesta, realizada en vivo durante la programación de FM Municipal 94.5, reflejó que, cuando juega la Selección, las tradiciones y los rituales futboleros continúan siendo protagonistas.
Y si el hogar es el lugar elegido para alentar durante los 90 minutos, el Reloj del Cincuentenario se convierte, una vez finalizado el partido, en el punto de encuentro por excelencia para celebrar. Más que un punto de referencia urbano, este espacio representa un símbolo de la identidad malargüina, donde vecinos y familias se reúnen para compartir la alegría de los triunfos deportivos. Su fuerte arraigo en la memoria colectiva lo convierte en un escenario cargado de tradición y sentido de pertenencia.






